Rutas en Autocaravana

Peñiscola en autocaravana: recorrido real entre mar, historia y naturaleza

Castillo de Peñíscola iluminado por la noche

Paseo nocturno por la iluminada Peñíscola

Viajar a Peñíscola en autocaravana permite descubrir la localidad a otro ritmo, combinando paseos a pie, naturaleza y mar sin prisas.

La zona más practica para pernoctar con la autocaravana, es justo detrás del Polideportivo Municipal de Peñíscola donde hay una zona de aparcamiento amplia, plana y cercana a la playa. Es un buen lugar para dejar la autocaravana y acercarse caminando al centro.

Vista del castillo del Papa Luna desde el paseo marítimo de PeñíscolaEl Castillo del Papa Luna, asentado sobre una pequeña península y protegido por su muralla, se eleva rodeado de casas y edificios bien integrados, de tonos cálidos y formas peculiares que atraen la mirada de manera constante.

Acercarse al casco urbano por el paseo marítimo al atardecer es una imagen hermosa que solo anticipa la joya que está por descubrirse.

Antes de penetrar en ella, Peñíscola da la bienvenida desde una plaza abierta, con fuentes, esculturas y un banco que parece invitarte a sentarte y disfrutar de la felicidad del momento. Un lugar perfecto para las fotos típicas, con el castillo iluminado como telón de fondo.

La noche de un domingo es tranquila y relajada a orillas del mar, así que decido disfrutar del paseo nocturno rodeando las murallas, caminando por suelos empedrados y dejándome sorprender por una iluminación navideña que está a punto de desaparecer. Pero antes, dejadme simplemente disfrutarla.

En la Plaza de Santa María me detengo para admirar esa iluminación que convirtió a Peñíscola en el conocido “Pueblo Ferrero Rocher”. Más de un millón de luces LED llenan de magia su casco antiguo, sus eventos y mercados, creando una atmósfera difícil de olvidar.

Iluminación navideña en la Plaza de Santa María de Peñíscola


Paseo diurno por Peñíscola

A la mañana siguiente regreso para comprobar si lo vivido la noche anterior había sido un sueño o una hermosa realidad. Y lo confirmo: Peñíscola es igual de bonita de día que de noche.

Vistas al mar desde el Museo del Mar de PeñiscolaVuelvo a recorrer los mismos lugares, pero ahora la luz y la calma del mar revelan nuevos encantos: vistas amplias, rincones tranquilos, espacios chill out, calles estrechas con vegetación exuberante y lugares singulares como el Bufador o la Casa de les Petxines, también conocida como la Casa de las Conchas, o el Museo del Mar con su esplendido mirador al Mar Mediterráneo.

Todo conduce, inevitablemente, a la cúspide: el castillo-fortaleza construido por los templarios en tan solo trece años y que sirvió de refugio al Papa Luna durante el gran Cisma de Occidente.

Castillo del Papa Luna con la playa norte de Peñiscola al fondoLa visita al castillo es obligada para comprender episodios históricos tan fascinantes como el final de la orden templaria o la apasionante vida de Benedicto XIII. Sus estancias cuentan historias de otra época, y no es de extrañar que Hollywood eligiera estas almenas para rodar en 1961 la película El Cid, con Charlton Heston y Sophia Loren.

Construido sobre el peñón, el castillo alcanza los 64 metros sobre el nivel del mar. Una guía me explica que sigue en pie gracias a las ingeniosas soluciones abovedadas del Cuerpo de Guardia.

Con la misma entrada se puede visitar también el Parque de Artillería, situado a los pies del castillo. Entre jardines y palmeras se suceden rampas, túneles, fosos y un antiguo polvorín, además de varios miradores al mar. Un paseo tranquilo y muy recomendable.


El Marjal de Peñíscola

El aparcamiento de autocaravanas se encuentra entre el Polideportivo Municipal y el Marjal, un espacio natural protegido. Se trata de un humedal que recibe aportes de agua subterránea a través de pequeños lagos llamados ullals, canalizados para verter sus aguas al mar, en la playa sur de Peñíscola.

El Marjal de Peñíscola, humedal natural junto al casco urbanoEste humedal es refugio de numerosas especies animales, peces endémicos y aves vinculadas al medio acuático. Dispone de pasarelas y miradores conectados por un sendero que pasa justo por detrás del aparcamiento de autocaravanas.

Saco la bicicleta y me dispongo a descubrir otro Peñíscola, el que queda fuera del peñón. Y reconozco que el Marjal es un espacio bello y diverso, que acompaña y embellece los jardines de la localidad en su camino hacia el mar.

La playa sur queda protegida por el puerto, donde pesqueros y veleros comparten un espacio resguardado. Me resulta inevitable volver la mirada una y otra vez hacia el conjunto histórico, porque lo cierto es que embellece cualquier paisaje desde cualquier punto.

Manantial de agua dulce Font de Sant Pere, junto a la murallaDe camino hacia la punta del dique, frente a las golondrinas —los barcos turísticos típicos de la zona—, me encuentro con la Font de Sant Pere. Un manantial de agua dulce ya conocido por fenicios y griegos, que llenaban aquí sus cántaros sin necesidad de desembarcar.

Hoy los barcos ya no llegan hasta el manantial; el puerto ha modificado el entorno. Aun así, el agua aflora formando un bonito estanque a los pies de la muralla. Antiguamente, las gentes de la comarca acudían por las supuestas propiedades medicinales de estas aguas.

Vista desde el sur del Castillo de Peñiscola, el puerto y los diques

Me alejo en bicicleta por la carretera que conduce al Parque Natural de la Sierra de Irta. Sin llegar aún a él, obtengo nuevas perspectivas de la que ya considero una joya de la costa mediterránea.


El Parque Natural de la Sierra de Irta

¿Os imagináis a aquellos navegantes y ávidos exploradores cargando agua desde sus barcos y disfrutando de la exuberancia de estas costas vírgenes?

Algo parecido sentí al recorrer con la moto el Parque Natural de la Sierra de Irta: dieciséis kilómetros de costa escarpada, con acantilados, calas vírgenes y una sierra interior de gran biodiversidad y notable patrimonio histórico. Quedan pendientes visitas como el Castillo de Irta, pero no el de las torres de vigilancia costera de Torre Badum y Torre Ebri.

Torre Badum y costa salvaje del Parque Natural de la Sierra de IrtaEl parque se recorre por pistas de tierra anchas, cuidadas y accesibles para vehículos a motor durante todo el año, salvo en verano. Son igualmente ideales para rutas en bicicleta o senderismo.

Las playas y calas invitan a detenerse, a escuchar el murmullo del mar y a contemplar un paisaje rocoso, salvaje y sincero.

Salgo del parque por Alcossebre, donde me encuentro con mis amigos David y Alberto. Nos espera una comida típica de cocido levantino, una tarde de amistad, risas y agradecimiento.

Pero esa… es otra historia.

La de las Voces del Camino.

Buen viaje, amigos.

 

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